Oasis Ignaciano

Oasis Ignaciano

Un espacio de reflexión ignaciana

Compartimos este Oasis Ignaciano con todos aquellos que quieran dedicar un tiempo para detenerse, reflexionar y tomar impulso para seguir camino.

Un oasis es un lugar que se encuentra en medio de desiertos arenosos, donde brota un manantial y está rodeado de vegetación.  En la antigüedad, cuando las travesías por el desierto eran aún más arduas que hoy, los oasis gozaban de una importancia vital, abasteciendo a los viajeros y beduinos. Esta función hace que utilicemos la palabra “oasis” como un lugar de descanso, tregua y refugio para los contratiempos de la vida.

Queremos tomar la figura del Oasis, que está asociada con vida, frescura, reposo… Un oasis no es un lugar para quedarse, sino para tomar fuerzas, mirar los recorridos, recomponer los mapas, sopesar la carga y suministrarse de provisiones para el camino que sigue. De este modo, seríamos un “centro” de confluencias, un punto de encuentro donde convergen diversidades de todo tipo. 

Así como fue en Pentecostés (Hechos 2, 1-13), queremos que el mismo Espíritu pueda comunicarse en distintas lenguas, culturas y procedencias.  Queremos una espiritualidad de comunión en la diversidad.

“Lo que quiero y deseo” (EE 48)

“Lo que quiero y deseo” (EE 48)

  • Si bien la espiritualidad ignaciana surge de la fuente de los Ejercicios Espirituales, un Oasis espiritual no se reduce a la práctica de los mismos. Si queremos promover la espiritualidad de Ignacio, un hombre abierto al mundo y las nuevas fronteras de los tiempos, bien podemos pensar en una espiritualidad abierta y ecuménica, en profunda conexión con las dimensiones de nuestra misión: servicio de la fe, promoción de la justicia, en diálogo con las culturas y las religiones. Sería una espiritualidad encarnada, que integra lo humano con lo divino, nuestros deseos profundos con el Deseo de Dios, nuestra condición histórica con nuestros anhelos de eternidad, y nuestra conciencia ecológica desde nuestra corporeidad. Es decir, entendemos que una espiritualidad ignaciana puede y debe ser “holística”, es decir, integradora .
  • Al nombrarnos como Centro de Espiritualidad y Cultura , queremos situarnos en este movimiento de integración entre el Evangelio y la Cultura del lugar; como si el Espíritu (el carisma ignaciano) busca encarnarse en esta cultura del conurbano bonaerense del siglo XXI. Espiritualidad y Cultura no solo se necesitan mutuamente, como el alma y el cuerpo, sino también se enriquecen una a la otra.
  • Queremos también construir una espiritualidad no cerrada sobre sí misma, en intimismos narcisistas ni búsquedas auto referenciales. Buscamos una mística de ojos abiertos, atentos al Espíritu que ya está transformando el mundo, y una mística del seguimiento de Jesucristo que nos llama a trabajar por el Reino en comunión con la Iglesia. Es decir, una espiritualidad que no se reduzca a los espacios de oración, sino que sepa impregnar toda la existencia personal y colectiva, y que produzca “evangelizadores con Espíritu”, como dice EG 261.
  • Queremos una espiritualidad que integra esos cuatro valores universales, implícitos en el Evangelio y otras creencias: la dignidad de la vida y de la tierra, la tolerancia como base del respeto, la solidaridad que nos iguala, la justicia como fuente de paz.  Cuatro valores que son punto de encuentro para todo tipo de peregrinos: laicos y consagrados, varones y mujeres, ricos y pobres… Y en fidelidad a nuestra vocación de ir a las fronteras, queremos “atender a quienes nadie atiende” (Nadal), soñando con ser significativos para aquellos que se sienten excluidos de la Iglesia: familias ensambladas, divorciados en segundas uniones, víctimas de abusos y discriminación de género…